Carlos Adorno
Mi nombre completo es Carlos
Gabriel Adorno Quevedo, mi familia y amigos me dicen Caio. Nací en Asunción
el 2 de marzo de 1981. Mi padre, médico, tuvo la oportunidad de seguir sus
estudios en Sudáfrica, país en donde vivimos durante casí 7 años. Mi madre,
química farmacéutica, se dedicó a criar a sus hijos, tengo un hermano mayor y
una hermana menor. Empecé la escuela allí y aprendí inglés antes inclusive de
hablar bien el español.
Regresamos a Paraguay a finales de 1990 y empecé con mucha
dificultad la escuela. Difícil por el choque cultural y la diferencia en la
forma de enseñanza. Me acuerdo que en Sudáfrica de alguna manera aseguraban que
aprendas en la clase, mientras que en mi nueva escuela la hora en aula la
dedicábamos a copiar del pizarrón toda el contenido que después debíamos
estudiar en casa. Sé que no todos los colegios eran así, pero fue lo que me
tocó. Ni se hablaba de computadoras en la escuela y tampoco en casa. La
secundaria hice en el Colegio Experimental Paraguay Brasil, de 1993 a 1998. Los
que conocen el CEPB saben que es un referente, pero en esa época no todos
tenían computadoras en la casa y las clases de informática eran muy básicas. En
el CEPB nos entrenaban a estar estudiando constantemente, rendíamos 7 exámenes
parciales en todo el año y si no lograbamos exonerar nos tocaba también los
globales. Al colegio le debo haber ingresado a la facultad en el primer
intento.
Ingresé a la Facultad de Odontología UNA en 1999. Para esa
época ya teníamos computadora en casa pero no me hizo falta prácticamente. Hubo
alguna tarea que entregar en forma impresa pero muy escasos, y aún así podíamos
entregar escrito de puño y letra. Todavía no sentía la necesidad de aprender a
utilizar las herramientas informáticas.
Recién cuando me postulé a la beca del Gobierno de Japón a
través de la embajada de Japón comencé a sentir necesidad de aprender sobre los
diferentes software. Esta necesidad se vio acentuada durante el doctorado.
Estuve en Tokyo desde abril, 2006 a marzo 2011. En ese lapso me casé (con mi
novia paraguaya, también odontóloga) y nació mi hija Gaia.
El primer artículo que
escríbi fue sin noción del uso de estilos y gestores bibliográficos. Cada
revisión que me sugería mi tutor significaba días y días de edición y darle
formtao al manuscrito. Después, gracias del advenimiento de YouTube, encontré
tutoriales sobre el uso de estilos en Word, y sobre el uso de gestores
bibliográficos, específicamente Zotero. Esto significó un ahorro de esfuerzo y
sobre todo tiempo a mi labor. Hasta ahora, la inversión de unos días
dedicándome a seguir los tutoriales me como docente e investigador.
A mi vuelta, en 2011, entré a la cátedra de Metodología de
la Investigación, y entre enero y marzo del 2012 pude realizar una estancia en
la Universidad de Texas en Austin donde tuve mi primera zambullida en técnicas
pedagógicas diseñadas para la enseñanza de las materias STEM (Ciencias,
tecnología, ingeniería y matemáticas). Algunas técnicas traté de implementar
ese mismo año en la Cátedra (en realidad en una pequeña parte de todo el
contenido) con cierta resistencia por parte de alumnos y docentes. El concepto
de “educación a distancia” era un tema foráneo en odontología… Algunos alumnos
cuestionaban el hecho de aprender los conceptos claves por su cuenta y después
fijar esos conceptos en clase: “¿No era
que el profesor tenía que dar la clase y los alumnos estudiaban lo que se dio
en clase?”. Intenté esa técnica por unos años y después lo abandoné porque
me dí cuenta que requería de cambios a nivel curricular; todos los docentes de
la Cátedra debían participar y acompañar. Mientras tanto, a nivel personal nacieron
Gael, en 2012 y por último, Ivo, en 2015.
Este año, coincidentemente, inicio el año
lectivo como Encargado de Cátedra de Metodología de la Investigación y pienso
remotar este sistema de enseñanza, integrando las herramientas informáticas con
las enseñanza. Estoy confiado que la Cátedra CTS me ayudará a diseñar un plan
de estudios óptimo para concretar los objetivos planteados.

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